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Una apuesta por siete polvos mágicos

 
Post #1


Una apuesta por siete polvos mágicosPensé que esa noche iba a estar bien tranquila; sola en casa. Disfruté de un tibio baño de inmersión, con sales; espuma y velas aromáticas alrededor de la bañera; todo muy relajante?Me envolví en una salida de baño muy cómoda y abrí una botella de buen vino: luego me senté frente al televisor con una copa llena. Pensaba mirar alguna película y después masturbarme antes de irme a la cama? sola.Pero mis planes cambiaron un poco, cuando me llamó Mariano, un compañero de oficina. Era un muy buen tipo; unos años menor que yo; todavía soltero y que se creía todo un galán de telenovelas?Era simpático y entrador; muy eficiente y buen compañero.Su único problema era que se había obsesionado conmigo y no dejaba de perseguirme por la oficina; diciéndome que jamás otro hombre podría darme tan buen sexo como él?Por supuesto, todos los días me invitaba a ir con él a un telo; pero yo siempre conseguía evadir su acoso con excelentes excusas?Pero esa noche no sé por qué, acepté su invitación a cenar sin que el pobre Mariano se esforzara demasiado. Me sorprendió con la guardia baja y le dije que sí, que saldría a cenar con él?Yo estaba jugada y sin fichas a esa hora. Víctor había salido de viaje la noche anterior, con la promesa de regresar en un par de días más.Me vestí discretamente; estaba caliente pero ello no significaba que me encontraba tan regalada como para ir directo a coger?Me puse una pollera de corte mediano, que dejaban ver gran parte de mis largas piernas. Me miré en el espejo y pude ver que, de todas maneras, Mariano me iba a querer coger, sin importarle demasiado cómo iba vestida?Terminando la cena y, mientras degustábamos un buen café; descubrí que mi compañero de oficina era bastante zarpado; mucho más de lo que parecía ser durante el horario de trabajo.Empezó diciendo que había escuchado por ahí que mi esposo estaba de viaje y entonces se imaginó que yo estaría desesperada por un buen polvo. Solamente puro sexo y solamente eso?Lo paré en seco, retrucándole que un hombre debía ser muy hombre para llevarme a la cama.Mariano se largó a reír y me aseguró que él era bien hombre y muy buen amante; por lo tanto, a una hembra fogosa como yo, podría arrancarle siete orgasmos en una sola noche.Fue mi turno de reírme a carcajadas, diciendo que mi esposo era un amante excepcional y que me hacía experimentar hasta cinco muy intensos orgasmos, cuando yo quería tenerlos?El tipo me estaba provocando y desafiando, solamente con la intención de llevarme a coger?Mariano siguió degustando su café y apurándome?Me decía que yo no me animaba a dejar que él me robara esos siete orgasmos en una sola noche. De repente sentí que la concha se me humedecía?con la sola idea de ir a coger toda una noche con ese chico.A pesar de mi tremenda calentura, yo no me decidía.Finalmente Mariano propuso que lo decidiera el azar. Sacó una moneda y me dijo que, si salía cara, buscaríamos un telo cercano; si salía cruz, cada uno se iría a su casa a masturbarse por su lado.Asentí con mi cabeza, rogando que saliera cara? y por supuesto, eso fue lo que salió.Mariano sonrió satisfecho y yo lo miré con cara compungida, mezcla de pobrecita yo, putita asustada y esposa entregada?Apenas subimos a su auto, Mariano comenzó a sacarse las ganas que me tenía hacía rato. Me acarició los muslos, tratando de meter su mano por debajo de mi falda. Yo tenía las piernas cruzadas; pero el tipo me tocó tan expertamente, que se abrieron solas?Sentía sus dedos recorriendo los pliegues de mi tanga.Apenas entramos a la habitación, nos quitamos la ropa directamente. Mariano me había prometido sexo; solamente eso, sin cariño, ni amor, ni otras pavadas.Mariano se acercó con su slip todavía puesto. Se adivinaba algo grande allí adentro. Alargué mi mano a ese bulto que asomaba y me atreví a sacar a la luz una verga bastante larga y gruesa.Le dije que la tenía muy, muy grande y que ese detalle no me lo había contado antes de lanzar la moneda al aire. Pero él sólo se rió y me empujó por los hombros hasta hacerme poner de rodillas.Metí todo lo que pude su verga en mi boca, hasta casi ahogarme. A pesar de todo, le pude dar una buena mamada.Después me lanzó boca arriba sobre la cama, me separó los muslos y me regaló una experta chupada de concha; agregando enseguida sus dedos.El muy hijo de puta me robó el primer orgasmo en menos de dos minutos. Me subí sobre él y, a pesar de mi lubricación, sentí un leve dolor cuando me metí esa verga en mi hambrienta concha.Comencé a gemir mientras cabalgaba esa magnífica pija y esta vez acabamos juntos.Mariano me pidió un tiempo para reponerse; así que a los quince minutos comencé otra vez a acariciarle la verga entre mis dedos.Esta vez se zambulló entre mis muslos abiertos y me penetró muy despacio; para que no me doliera tanto. Sentí su bombeo bastante violento pero rítmico; que otra vez me hizo acabar en menos de cinco minutos y anunció que ya íbamos por la tercera acabada.Sin perder tiempo ni la erección, me hizo poner en cuatro y nuevamente me penetró con todo. Su pija llegó al fondo de mi entregada concha y comenzó a bombearme como loco. Me sostuvo por los brazos mientras me embestía con furia; me agarró por los cabellos y me susurró al oído que yo era muy puta.Todo duró poco; pero sirvió para que ambos acabáramos al mismo tiempo. Mi cuarto orgasmo y su segundo polvo?A esa altura, comprobé que Mariano era una verdadera máquina de coger. No se cansaba de bombearme y eso me calentaba?Luego de esa intensa cogida de perrito, ambos nos quedamos recostados en silencio; acariciándonos con suavidad. Diez minutos más tarde, otra vez esa verga tremenda estaba otra vez lista para continuar la funciónMe pidió que me pusiera en cuatro otra vez y, aferrándome por mis caderas, comenzó a jugar con la punta de su prodigiosa pija.Hundía solo la cabeza entre mis labios vaginales y la volvía a sacar. La deslizaba por toda mi raja y hacía presión en mi estrecha entrada anal. Hizo varias veces lo mismo; siempre intentando metérmela por el culo.Giré mi cabeza para decirle que ni se le ocurriera darme con eso por el culo. Era demasiado grande y yo no quería terminar la noche en la sala de emergencias de un hospital. Entonces de un golpe brutal se hundió en mi vagina y, antes de que empezara a bombearme, apareció en escena mi quinto orgasmo, que me dejó temblando como una hoja. Fue el más intenso de toda la noche?Mariano se rió, diciendo que ya solamente le faltaban dos polvos para ganar la apuesta. El turro me preguntó si quería perder?Entonces, sin cambiar de posición, volvió a metérmela despacio en mi concha. Tanto me hizo calentar, que en pocos segundos un nuevo orgasmo me hizo caer de bruces sobre la cama; con la verga de Mariano todavía enterrada bien a fondo. Ya era el sexto?Mi cuerpo ya no respondía. Mariano notó mi agotamiento y se rió, preguntándome si ya me había rendido y le iba permitir ganar la apuesta a él?Le dije que era un perfecto hijo de puta y le permití que deslizara su verga nuevamente en mi vagina. Me hizo calentar tanto, que casi enseguida acabé en mi séptimo y último orgasmo?Cuando dejé de chillar y retorcerme de placer, me miró triunfante y me dijo que por fin me había ganado la apuesta. Tenía razón; el turro me había podido robar siete orgasmos en una sola noche y, para peor, su verga seguía fresca y endurecida como para seguir hasta que saliera el sol?Mariano me dijo que soñaba con cogerme por el culo; mientras yo estaba agotada, recostada boca abajo en la cama.Mientras me hablaba, tratando de convencerme, su dedo travieso se coló en mi apretada entrada trasera. Lo dejé hacer, porque se sentía realmente muy bien; pero cuando insistió para meterme su verga, me levanté de un salto y comencé a recoger mi ropa para vestirme.Le dije que, si era tan macho, la próxima vez le permitiría echarme siete polvos exclusivamente por el culo? La propuesta le encantó y entonces ya no insistió más?Mariano me dejó en la puerta de mi casa; pero antes de bajarme, insistió en cogerme por última vez en mi propia cama. Le respondí que la apuesta había sido solamente por siete orgasmos?Lo besé con ganas y abrí la puerta de su auto. Cuando caminé un par de pasos, pude oír con claridad un sonido metálico a mis pies.Me incliné, pensando que podía haber caído uno de mis aretes.En ese preciso momento, el auto de Mariano arrancó rugiendo y se perdió en la oscuridad de la calle.Recogí entre mis dedos había un pequeño objeto redondo, dorado, que brillaba en la oscuridad. Antes de mirarlo con detenimiento, ya me imaginaba que era una moneda de dos caras?
11-07-2022, at 02:25 PM
Alýntý
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